El Banco de Pagos Internacionales (BIS) define la “gestión de la continuidad operativa” como un enfoque global que incluye políticas, estándares y procedimientos para asegurar que, en caso de interrupción, determinadas operaciones pueden ser mantenidas o recuperadas en un tiempo prudencial. Su propósito es minimizar las consecuencias operacionales, financieras, legales, de reputación o de cualquier otro tipo que surjan como consecuencia de una interrupción.
Durante los últimos años, diversos factores han venido poniendo de manifiesto la importancia de la continuidad operativa. Quizás los más llamativos han sido los atentados terroristas de Nueva York, Madrid o Londres. Pero en general, la continuidad operativa se centra en aquellos elementos que habitualmente se enmarcan en el denominado riesgo operativo; aquel riesgo derivado de fallos en los procesos internos, personal y sistemas, o derivado de eventos externos a la organización.
La continuidad operativa se va a ocupar así de aquellos sucesos que, en general, son poco probables estadísticamente hablando y que, además, no son susceptibles de control o predicción en cuanto a su momento de ocurrencia, pero que, sin embargo, pueden tener un gran impacto para la organización.
La continuidad operativa es especialmente relevante en el ámbito de los sistemas de pago. Cabe identificar principalmente cuatro razones:
Un sistema de pagos puede ser un factor altamente desestabilizador si, por un diseño inadecuado, no dispone de los mecanismos oportunos para controlar los riesgos legales, operativos y técnicos inherentes al mismo.
Esta iniciativa va destinada a todos los profesionales que desarrollan su trabajo en el ámbito del sistema financiero, no sólo de lo sistemas de pago sino igualmente de los sistemas de liquidación de valores. La fuerte interdependencia existente entre sistemas, infraestructuras, participantes y autoridades aconsejan una continua vigilancia de todos los aspectos relacionados con la continuidad operativa.